domingo, 14 de abril de 2013

¿Para qué sirven las amígdalas y el apéndice?


La utilidad del apéndice y de las amígdalas ha sido siempre un tema controvertido. Ambos son órganos linfoides y, por tanto, componentes del sistema inmunitario, si bien su importancia es modesta. En ocasiones, debido a la recurrencia de la amigdalitis y de la apendicitis de origen infeccioso, se aconseja su extirpación. Sin embargo, un trabajo publicado en European Heart Journal sugiere que extirpar las amígdalas y el apéndice en personas jóvenes podría asociarse con un mayor riesgo relativo de cardiopatía prematura. No obstante, debido a la juventud de los participantes en el estudio, las diferencias de riesgo absolutas fueron pequeñas.
El trabajo muestra que la extirpación quirúrgica de las amígdalas (amigdalectomía) y del apéndice (apendicectomía ) antes de los 20 años de edad se asociaba con un mayor riesgo relativo de cardiopatía prematura. La amigdalectomía elevaba el riesgo en un 44%, mientras que la apendicectomía en un 33%. Sin embargo, no se encontró una asociación evidente cuando las operaciones se realizaron en mayores de 20 años.
Según Imre Janszky del Departamento del Instituto Karolinska, en Estocolmo (Suecia) y uno de los autores del trabajo, «teniendo en cuenta las abundantes pruebas biológicas y epidemiológicas que vinculan la inflamación con la cardiopatía coronaria, cabría pensar que la extirpación quirúrgica de las amígdalas y del apéndice, con sus efectos sobre el sistema inmunitario, debería tener también un efecto a largo plazo sobre la cardiopatía coronaria. Sin embargo, no conocemos ningún estudio que evalúe los efectos potenciales de la apendicectomía o amigdalectomía sobre la ateroesclerosis o el riesgo de cardiopatía coronaria».

En es estudio se han examinado los registros de salud pública de todos los residentes suecos nacidos entre 1955 y 1970, y se han identificado a todos aquellos que requirieron una extirpación de las amígdalas, del apéndice, o de ambos. Cada uno de estos «casos»  se cotejó con cinco «controles»  que no habían sido operados, elegidos aleatoriamente. A partir de aquí se realizó un seguimiento de estos individuos durante una media de 23,5 años, para comparar la incidencia de ataques al corazón mortales o no (infarto agudo de miocardio o IAM). Debido a que el apéndice y las amígdalas parecen tener un funcionamiento menos activo tras la adolescencia, los análisis primarios se restringieron a individuos menores de 20 años en el momento de la operación, lo que se comparó con 54.449 apendicectomías y 27.284 amigdalectomías.
Riesgo de infarto
Los resultados mostraron que en estos casos hubo una mayor prevalencia de infarto agudo que en los controles. Concretamente, 89 de las apendicectomías y 47 de las amigdalectomías sufrieron un IAM durante el periodo de seguimiento. No obstante, Janszky matiza que los números absolutos de casos de IAM del estudio son pequeños, con solamente algo más de 400 y 200 casos de IAM en más de 7,5 millones y cerca de 4 millones de personas-años de seguimiento. «Como se esperaba dada la juventud de la población, los aumentos moderados del riesgo relativo que se han observado, correspondieron en realidad con aumentos del riesgo muy pequeños en términos absolutos» .
Los investigadores incidieron también en que la población objeto de estudio, a pesar de su tamaño, se restringió al espectro infantil, de modo que los participantes eran todavía relativamente jóvenes al final del seguimiento.Por lo tanto, escriben, «no podemos extrapolar directamente nuestros hallazgos a los casos de IAM en hombres o mujeres mayores, en los que el riesgo es mayor».
¿Órganos secundarios?
A la hora de explicar los resultados, los autores involucran también el efecto «complejo»  a largo plazo del sistema inmunitario, destacando que el apéndice y las amígdalas son órganos linfoides secundarios cuya extirpación puede afectar a varios aspectos de la actividad inmunitaria, incluida la disminución en la producción de inmunoglobulinas. También hacen notar que la ateroesclerosis, la fisiopatología subyacente del IAM, se considera de forma generalizada un proceso inflamatorio.
«A la luz de nuestro conocimiento actual sobre la compleja relación entre la ateroesclerosis y el sistema inmunitario, los hallazgos son plausibles desde el punto de vista biológico» , manifestó el Dr. Janszky. «Ya existen pruebas de que la extirpación del bazo, otro órgano linfoide secundario, se asocia también con una aceleración de la ateroesclerosis y un incremento del riesgo cardiovascular» .