martes, 28 de mayo de 2013

Este año no habrá verano.

En 1816 no hubo verano por las bajas temperaturas y en 2013 lo habrá... pero no completo.
Según Metèo, habrá golpes de calor pero serán de corta duración y habrá un 70% de probabilidades de que haya una ausencia completa de verano en Europa occidental
Eduardo Roman, director de Sirimiri Consulting, ve apresuradas estas previsiones. "Es muy complicado saber cómo va a ser el verano
En 2013 habrá verano, pero no completo. Como adelanta el Canal francés Metèo, hay un 70% de probabilidades de que haya una ausencia completa de verano en Europa occidental, convirtiéndose en el más frío y húmedo desde 1816. Sin embargo, sus pronósticos estacionales indican que las temperaturas durante los meses de junio, julio y agosto estarán entre 1ºC y 3ºC por debajo de lo normal en la península ibérica.
Esto se produciría debido a que el largo y tardío invierno de este año ha enfriado las aguas de los mares; esto, sumado una esperada, según el canal francés, menor actividad solar (que no se corresponde con los datos de la NASA) para los próximos meses, podría tener un efecto directo sobre el clima en los meses estivales.
Según Metèo, habrá olas de calor pero serán de corta duración, y precederán a violentas tormentas hasta final de agosto. De hecho, los meses más cálidos no serán, como es habitual, agosto y julio: habrá que esperar hasta septiembre y octubre para disfrutar del calor.
En 1816 el año tuvo graves anormalidades en el clima de verano, que causaron que disminuyera la temperatura mundial entre 0,4 y 0,7 °C, teniendo como resultado una grave escasez de alimentos en el hemisferio norte.
Se cree que la anomalía fue causada por la combinación de una histórica caída en la actividad solar con un invierno volcánico, este último provocado por una serie de importantes erupciones volcánicas coronadas por la erupción del monte Tambora de 1815, en las Indias Orientales Neerlandesas (hoy Indonesia), la erupción más grande conocida en 1300 años, que ocurrió durante las décadas finales de la Pequeña Edad de Hielo, sumándose potencialmente al enfriamiento existente que viene produciéndose periódicamente desde el 1350 d. C.