domingo, 25 de agosto de 2013

Nazismo, ¿Se puede repetir la historia?

Extracto del clásico de Milton Mayer sobre la Alemania nazi "Pensaban que Eran Libres. Los Alemanes, 1933-45"  (1955)
"De lo que parece que nadie se daba cuenta," me dijo un colega, un filólogo, "era del abismo cada vez más grande, después de 1933, entre el gobierno y la gente. Piense en lo grande que era este abismo desde el principio, aquí en Alemania. Y siempre estaba creciendo. Sabe, la gente no se siente más cercana al gobierno sólo porque se les dice que es un gobierno de la gente, una democracia de verdad, o por alistarse en la defensa civil, o incluso por votar. Todo esto tiene poco, nada que ver con el hecho de saber que uno está gobernando.

"Lo que pasó aquí fue que la gente se acostumbró poco a poco a ser gobernada por sorpresa, a encajar decisiones tomadas deliberadamente en secreto, a creer que la situación era tan complicada que el gobierno tenía que actuar en función de una información que la gente no podía entender, o tan peligrosa que no podría ser liberada por razones de seguridad nacional. Y la sensación de identificación con el líder, su confianza en él, hizo que fuera más fácil que este abismo creciera, tranquilizando a aquellos que de otro modo estarían preocupados.
"Esta separación entre el gobierno y su gente tuvo lugar de forma gradual e imperceptible, cada paso disimulado (quizás no de forma intencionada) como medida temporal de emergencia o asociado con una auténtica lealtad patriótica o con propósitos sociales reales. Y todas estas crisis y reformas (reformas reales también) ocupaban tanto a la gente que no veían el lento movimiento de trasfondo, el proceso del gobierno alejándose cada vez más."
"Vivir en este proceso es no ser capaz de notarlo en absoluto -por favor trate de creerme- a no ser que uno tenga un grado de consciencia política, de agudeza, muy superior a la que la mayoría de nosotros tuvo jamás ocasión de desarrollar. Cada paso era tan pequeño, tan inconsecuente, tan bien explicado o, en ocasiones, lamentado, que, a no ser que uno estuviera distanciado de todo este proceso desde el principio, a no ser que uno entendiera de qué trataba esto, qué eran estas "pequeñas medidas" que ningún "patriótico alemán" podía resentir, uno no lo veía evolucionando día a día más que un granjero ve el maíz creciendo en sus campos. Un día pasa por encima de su cabeza.
"Sabe," mi amigo continuaba, "uno no ve exactamente adónde o cómo moverse. Créame, esto es cierto. Cada acto, cada ocasión, es peor que la anterior, pero solo un poco peor. Esperas a la siguiente y a la siguiente. Esperas una gran y estremecedora ocasión, pensando que otros, al llegar, se unirán a ti para oponerse de alguna manera. No quieres actuar ni siquiera hablar solo, no quieres "salirte de tu camino y causar problemas". ¿Por qué no? Bueno, no estas acostumbrado a hacerlo. Y no es sólo el miedo, el miedo por si solo, este te frena, también es una genuina incertidumbre.
"Pero la gran ocasión estremecedora, cuando docenas, cientos o miles han de unirse a ti, nunca llega. Esa es la dificultad. Si el último y peor acto de todo este régimen hubiera llegado después del primero y más pequeño, miles, sí, millones se hubieran asustado lo suficiente. Por ejemplo, si el gaseo de judíos hubiera llegado inmediatamente después de las pegatinas con la "Firma Alemana" en las ventanas de las tiendas de los no judíos en el 33. Pero por supuesto, no es así como funciona. En medio están los cientos de pequeños pasos, algunos de ellos imperceptibles, cada uno de ellos preparándote para que no te asustes con el siguiente. El Paso C no es mucho peor que el Paso B, si no te opusiste al Paso B, ¿por qué te ibas oponer al Paso C? Y así llega el Paso D.
"Y un día, demasiado tarde, tus principios, si alguna vez fuiste sensible a ellos, de repente llegan de golpe. La carga del autoengaño se ha hecho demasiado pesada, y algún pequeño incidente, en mi caso mi hijo pequeño, poco más que un bebé, diciendo "cerdo judío", hace que de repente todo se venga abajo, y ves que todo ha cambiado bajo tus narices. El mundo en el que vives, tu país, tu gente, no es en absoluto el mundo en el que naciste. Las formas están todas ahí, todas sin tocar, todas reconfortantes, las casas, las tiendas, los trabajos, las comidas, las visitas, los conciertos, el cine, las vacaciones. Pero el espíritu, el cual nunca notaste porque siempre cometiste el error de identificarlo con las formas, ha cambiado. Ahora vives en un mundo de odio y miedo, y la gente que odia y teme ni siquiera lo sabe, cuando todo el mundo ha sido transformado, nadie se ha transformado. El sistema mismo no pudo haber pretendido esto desde el principio, pero para mantenerse se vio forzado a llegar hasta el final."