jueves, 24 de octubre de 2013

¿Es rentable tener un vehículo privado?

Posiblemente el segundo mayor desembolso después de la vivienda es la compra de un coche. La última encuesta de presupuestos familiares elaborada por el INE habla de que una quinta parte del dinero que entra en casa (el 18%) se destina a los gastos del coche. Pero normalmente solemos tomar en consideración sólo su precio y nos olvidamos de todos los gastos que un vehículo suele acarrear durante su vida útil. Como resultado y a raíz de la crisis económica, muchas personas se han comprado coches que no pueden mantener.
Al comprar un vehículo nuevo o de segunda mano nos preocupamos básicamente de su precio y de su consumo, pero para obtener una visión más global de lo que consumimos podemos realizar unos sencillos cálculos para saber cuánto cuesta recorrer 1 kilómetro con nuestro coche, y de éste modo tener un valor de referencia.
Siempre tendremos unos costes fijos, ya que además del precio de compra, tendremos que pagar unos gastos de matriculación o cambio de nombre, a menos que hagamos las gestiones por nuestra cuenta (nuestro tiempo también se valora). Si formalizamos un préstamo, que es lo más normal, habrá que pagar comisiones y gastos de notario, que introduciremos en costes financieros. La póliza de seguro también es obligatoria, al igual que el impuesto de vehículos de tracción mecánica (IVTM) al ayuntamiento donde el coche está dado de alta en tráfico, e ITV (dependiendo de su antigüedad).
En relación a los costes variables, en primer lugar tenemos el combustible, que ya es lo que todos solemos contabilizar. A continuación entramos en el mundo del mantenimiento, tanto si hablamos de revisiones como de averías. Dentro de este apartado entra todo lo relacionado con la vida en el taller: cambios de aceite, filtros, ruedas, chapa, pintura, etc.

Si seguimos haciendo números nos encontramos con otros gastos que también deberíamos tener en cuenta como el aparcamiento; ya sea privado, público, zonas azules o verdes. Las multas que nos podemos encontrar a lo largo de la vida de nuestro vehículo, así como los gastos en peajes y limpieza.
Sumando todos estos gastos, y dividiendo entre los meses de uso, podemos calcular el gasto mensual muy aproximado del consumo de nuestro coche. Si apuntamos los kilómetros que realizamos a lo largo de un año, podemos llegar a calcular el precio por kilómetro de nuestro vehículo. En la red podemos encontrar aplicaciones que nos faciliten todos estos cálculos para hacernos una idea.
El resultado dependerá en gran medida del tipo de coche que tengamos y de su uso, pero es complicado imaginar un coche que cueste menos de 0,15€/km, mientras que el coche medio se situaría más bien hacia los 0,25€/km si hacemos bastantes kilómetros y esperamos una larga duración del mismo. Para kilometrajes pequeños, por debajo de 15.000 km/año, las cifras se disparan y podemos considerar que el coche se convierte en un lujo del que somos poco conscientes. En realidad estaríamos pagando por la “disponibilidad" de tener un medio de transporte; que en algunos casos es la principal causa.
La pregunta clave es si tenemos alguna alternativa, y si es viable en realidad. Todo dependerá de la combinación entre nuestro lugar de trabajo y residencia; y si las conexiones de transporte público son buenas. En el caso de que el trabajo se encuentre en el mismo municipio de residencia la bicicleta puede ser la mejor aliada. Incluso podríamos llegar a calcular los gastos por ejemplo si utilizáramos siempre taxi, transporte público o coche de alquiler en lugar de nuestro coche privado.
Para desplazamientos a partir de 5 ó 6 kilómetros es claramente más barato utilizar el transporte público (en relación a un coche medio), por lo tanto no compensaría utilizarlo para ir solos por la ciudad. Si la comparativa se realiza con dos o tres ocupantes, el coste pasa a ser la mitad o 1/3 para cada uno, de forma que las iniciativas que se basan en el uso compartido del coche gana muchos puntos.
Después de realizar el ejercicio que planteamos y algunos cálculos, podemos llegar a tener una mayor conciencia de nuestro consumo real en relación al transporte privado. En el momento que somos conscientes, estamos más preparados para elegir el medio de transporte adecuado, ya que en definitiva, nuestro bolsillo nos lo agradecerá.