martes, 29 de julio de 2014

Homeopatía = Estafa

Si yo pronuncio la palabra homeopatía probablemente lo primero que te venga a la cabeza –o debería venirte- es otra palabra muy relacionada: el término estafa.
La homeopatía la inventó un médico y químico alemán llamado Samuel Hahnemann en 1807. Según parece lo hizo con buena intención, aunque mientras la creaba tomaba como premisas hechos inexistentes e incluso a Dios: “El Todopoderoso, al crear la homeopatía, sólo nos ha dado las armas contras las enfermedades naturales” dice Hahnemann en su obra Organon der rationellen Heilkunde (traducida como Organon el arte de curar, que por cierto he leído).
Era la época en la que los buenos médicos hacían sangrías, algo tan carente de sentido como la propia homeopatía. Puede ser que Samuel Hahnemann fuese un buen médico en la época o puede que no, pero desde luego cuando creó la homeopatía no tenía ningún motivo racional para hacerlo; y menos tenemos ahora nosotros para seguir sus enseñanzas trescientos doscientos años después. Y es que durante esos años la ciencia y la medicina han cambiado el mundo.
Al igual que Claudio Ptolomeo cuando creó el horóscopo, Hahnemann pensaba que se trataba de una buena e interesante idea cuyo principio básico es que lo similar cura a lo similar. ¿Cómo? Pues sí, sorprendentemente eso afirmaba.
La palabra homeopatía viene del griego “hómoios” que significa algo así como “igual” y “pathos” que es equivalente a “enfermedad”. Hahnemann trabajaba también como traductor y un buen día le entró curiosidad por experimentar con quinina y la temible malaria a raíz de la lectura de un texto sobre el tema. Pensó que la quinina curaba la malaria produciendo síntomas parecidos en el cuerpo.
Y así llegó a este axioma homeopático: una sustancia en pequeñas cantidades es capaz de curar la enfermedad que es causada por dosis mayores del mismo producto. Qué significa esto a efectos prácticos… pues que para curar, por ejemplo, la intoxicación con cianuro necesitaríamos, ¡exacto! Una pequeña cantidad de cianuro.
No existe evidencia científica, y además es absurdo y antiintuitivo, pues cuando quieres endulzar más el café le echas una mayor cantidad de azúcar. Ya sé tu respuesta, la ciencia puede ser –y de hecho es- antiintuitiva. Las explicaciones científicas, bien miradas, pueden ser lo más antiintuitivas que imagines. Solo mencionar la mecánica cuántica o el hecho conocido por todos de que ahora mismo estamos sobre una enorme bola de piedra, líquido y gas que da vueltas alrededor de una enorme bola ardiente. Entonces, si muchas explicaciones a lo que observamos en la naturaleza se nos muestran como difíciles para la intuición, pues no son lo primero en lo que pensaríamos, ¿Cómo puede ser que las hayamos descubierto? Pues gracias a la ciencia.

No es mi intención explayarme sobre el tema, pero las explicaciones antiintuitivas se mantienen porque se ponen a prueba con el experimento como juez, encajan con el corpus científico previo, son falsables… entre otros motivos. Podría ser que una sustancia muy diluida curase de los efectos que causa al estar en mayores dosis, podría ser. Pero de hecho sabemos que eso no funciona. Simplemente lo sabemos porque cuando lo ponemos a prueba demuestra no funcionar.
¿Y por qué una sustancia al estar diluida homeopáticamente no funciona? Pues porque no está, literalmente. Cuando diluyes una cucharada de azúcar en el café, notas el sabor a azúcar. Pero las diluciones homeopáticas no son así. En la jerga homeopática 1CH indica que en el frasco se incluye un 1% del producto y 99% de agua. Pero si miras los prospectos homeopáticos (si quieres reírte un rato te lo recomiendo) habitualmente son de 6-7CH (¡y a veces mucho más!). ¿Qué quiere decir esto? Que echas un 1% de producto en 99% agua y lo mezclas. Después coges un 1% de ese resultado y lo echas en otro 99% de agua… y así 6 o 7 veces. Prueba a hacerlo con el azúcar y el café. Te apuesto, querido lector, que tu café no levará azúcar.
Aquí te pongo un ejemplo extraído del vademécum:
Aconitum napellus 6 CH, Atropa belladonna 6 CH, Calendula officinalis 6 CH, Chelidonium majus 6 CH, Abrus precatorius 6 CH, Viburnum opulus 6 CH aa 0,5 mg. Los demás componentes son sacarosa (225 mg), lactosa (72 mg) y estearato de magnesio c.s.p. 1 comprimido de 300 mg.
¡Fíjate que diluido está todo! A mayores de sus bobadas usan excipientes en dosis no homeopáticas, en este caso azucares como la sacarosa y lactosa y el estearato de magnesio; que son los que pueden producir una reacción adversa si, por ejemplo, eres intolerante a la lactosa pero que no tienen ningún efecto farmacológico. ¿De qué es el prospecto? De agua con azúcar. Con nombre comercial Sedatif y que se vende por más de 7€. Y no sirve absolutamente para nada.
¿Sigues sin estar convencido? Pues has de saber que el Sedatif está indicado –por los homeópatas- como somnífero hipnótico. Pero si lees un poco más abajo el prospecto te darás cuenta de un sorprendente hecho: ¡es un somnífero sin efectos adversos sobre la conducción! Y ¡sin interacciones con otros medicamentos!
Entonces, llegamos ya a un importante hecho que hay que tener claro: los productos homeopáticos son esencialmente agua. Pero en cuanto hablamos de asuntos financieros dejamos atrás la homeopatía y nos centramos en la ciencia, en las matemáticas “de toda la vida”: te aseguro que el precio no está en dosis homeopáticas. Cuanta menos sustancia lleve, más caro resulta. Solo piensa por un momento qué contestarías a un vendedor que te intente colar un producto así en su supermercado…
Pero esto no es todo. Los homeópatas aquí se sacaron de la manga un nuevo concepto físico: el hecho de que el agua tenga memoria. Hecho que es demostrablemente falso. Ellos dicen, y lo afirman sin pruebas, que su producto –no voy a dignificarlo llamándolo fármaco- funciona pese a no llevar nada de principio activo, o de llevarlo ultradiluido. Y lo dicen porque el nuevo concepto físico que se inventaron –y por el que todavía no les han dado el Nobel…- es que el agua de alguna forma recuerda las moléculas con las que ha estado en contacto.
De ese modo al diluir en ella el producto, “algo” queda. Aquí me siento en la tentación de mencionar el agua de un retrete que luego se potabiliza y bebemos… pero no lo voy a hacer (¡uy!). Simplemente, si quieres un medicamento homeopático abre el grifo: toda una farmacia homeopática aparecerá al instante en tu vaso. ¿No dicen que el agua tiene memoria? Para qué comprar nuevos productos homeopáticos, ¡ya vienen en el agua que alguna vez ha estado en contacto con ellos! En fin, un concepto que, de nuevo, no se sostiene al ponerlo a prueba.
Y como siempre, nos queda la última cuestión. La que sirve para cualquier charlatanería: “yo he tomado un medicamento homeopático y me ha curado”. El sanctasanctórum de las pseudomedicinas. Efectivamente, llegamos, una vez más, al a mí me funciona. Antes comenté muy brevemente algo sobre la metodología de la empresa científica. Aquí me veo obligado a hacerlo de nuevo.
La ciencia es una herramienta poderosísima porque evita y nos ayuda a corregir nuestros sesgos de percepción e interpretación. Nuestros ojos solo captan un rango determinado de luz en del espectro y nuestro encéfalo lo interpreta. El proceso de visión es una construcción interpretativa del encéfalo de algo que está “ahí fuera”. Pero sabemos –gracias a la ciencia- que hay muchos más colores, el ultravioleta por ejemplo.
La ciencia nos ayuda a corregir nuestros “defectos de fábrica”. También nos ayuda la filosofía: ¿qué podemos saber? Pues bien, el hecho de que una cosa venga después de otra no significa que la segunda sea causada por la primera. Si yo tomo homeopatía y me curo al día siguiente –o incluso al momento de tomarla- lo único que realmente puedo afirmar es que he mejorado, hecho que podría ser real, inexacto o, como mencionábamos hace un momento, no tener nada que ver y tratarse de un post hoc ergo propter hoc, correlación no implica causalidad.
En medicina esto es fundamental tenerlo en cuenta. Si yo me curo al tomar un fármaco inmediatamente he de preguntarme si me hubiese curado aún sin haberlo tomado. A veces esto plantea muchos problemas metodológicos en estudios médicos serios en los que solo tienes un fármaco que parece pueda ser útil contra una enfermedad mortal. Quien afirme que el remedio homeopático para la gripe le funcionó correctamente porque en una semanita ya estaba curado, simplemente evidencia que no sabe cuál es el tiempo medio de curación de la gripe.
Y tampoco me sirve de nada el número de personas a las que les haya funcionado el remedio. Imagínate que diez millones de personas me dicen –espero que no a la vez- que su producto homeopático les curó el resfriado. ¿Serviría de algo? No. El tiempo medio de curación espontánea del rinovirus se aplica a todo el mundo. Una o diez millones de personas.
En resumen, para poder afirmar algo tan categórico necesitamos hacer ciencia y comprobar, experimentar, modificar parámetros para decidir finalmente si algo funciona. No hacen falta diez millones de personas, cogemos una muestra representativa y probamos a darles homeopatía, a darles un placebo, a darles otros fármacos, a tratarles con no sé qué… Con unas condiciones muy cuidadosas que eviten todos los sesgos posibles. Solo si cambiando y comparando todos los factores demuestra estadísticamente relevancia, entonces hablamos. No me vale el “a mí me sentó bien“.
Esto se aplica de igual modo a la homeopatía o a cualquier otra pseudociencia, así como a algunos medicamentos (léase acetilcisteína y resfriados…) que se prescriben para indicaciones en donde no han demostrado nada. Siempre que la homeopatía ha pasado por estos filtros ha fracasado en su empeño.
He puesto el ejemplo de la gripe y el resfriado porque todo el mundo ha pasado alguna vez por ellos. Pero lo mismo se aplica a otras enfermedades más graves y, si cabe, donde los planteamientos de los homeópatas (y de los que lo comercializan y lo permiten) se vuelven inhumanos y, recordando la frase de Hitchens, donde hasta un ateo como yo podría calificar sin miedo a equivocarse semejantes actos como un pecado.
Estoy hablando de vender homeopatía (y demás estafas pseudocientíficas) a pacientes con cáncer, enfermedades terminales o desesperados por una cura. No solo no se impide la estafa a personas vulnerables sino que ahora lo regulamos, para que puedan estafar tranquilos. Citando a Woody Allen la ética de un político (al menos de los que pretenden regular esto) es algo menor a la de un corruptor de menores.
El Ministerio de Sanidad de España ha decidido aplicar la directiva europea de 2001, que regulariza definitivamente la situación de los remedios homeopáticos. De este modo, los “laboratorios” presentarán un informe sobre su calidad, seguridad y eficacia; pero sin tener que demostrarlo a través de ensayos clínicos como el resto de los fármacos de verdad.