Ese objeto es 3I/ATLAS, el tercer visitante interestelar confirmado hasta la fecha. Su aparición ha generado expectación e inquietud científica, pues podría ofrecernos pistas hasta ahora desconocidas sobre la formación de sistemas planetarios distantes; o incluso desafiar nuestras ideas sobre lo que puede ser un cometa.
Un visitante de otra estrella. 3I/ATLAS fue detectado el 1 de julio de 2025 gracias al telescopio de sondeo ATLAS, ubicado en Chile. Su órbita es hiperbólica, algo que indica que no está ligado gravitacionalmente al Sol: llega, pasa por nuestro sistema solar a gran velocidad y luego continúa su viaje de vuelta al espacio interestelar. Su trayecto lo llevó a su perihelio (punto más cercano al Sol) a fines de octubre de 2025, aproximadamente a 1,4 unidades astronómicas (algo más allá de la órbita de Marte).
A su paso por el sistema solar se desplazaba a una velocidad de decenas de kilómetros por segundo. Aunque su mínimo acercamiento a la Tierra será de unas 1,8 unidades astronómicas (unos 270 millones de kilómetros), lo que significa que no representa ningún peligro. Por qué es diferente: hielo, gases raros y una composición inesperada Desde su descubrimiento, 3I/ATLAS ha sido estudiado por numerosos telescopios: desde telescopios terrestres en Canarias hasta sondas espaciales de la NASA y la ESA. Instituto de Astrofísica de Canarias Uno de los hallazgos más llamativos vino gracias al James Webb Space Telescope (JWST): su coma, la nube de gas y polvo que rodea al núcleo del cometa, está dominada por dióxido de carbono (CO₂), con relaciones CO₂/H₂O sorprendentemente altas, muy por encima de lo habitual en cometas del Sistema Solar. También se detectaron CO, H₂O, hielo de agua, OCS y polvo.
Además, estudios polarimétricos recientes muestran que la luz reflejada por 3I/ATLAS tiene propiedades extrañas: presenta una polarización negativa profunda y estrecha, un rasgo que no se había observado en otros cometas, tal vez indicando que su superficie ha sido procesada por radiación cósmica durante millones o miles de millones de años. Estos datos podrían sugerir que este cometa interestelar no es “como los de casa”: su composición, su estructura y su historia podrían estar profundamente condicionadas por su origen en otro rincón de la galaxia. Actividad inesperada: géiseres de hielo y jets Pero las sorpresas no terminan ahí. Observaciones recientes detectaron que 3I/ATLAS podría estar sufriendo episodios de crio volcanismo, es decir, géiseres de gas y polvo impulsados por hielo que estalla cuando la radiación solar calienta su base Este comportamiento hace que sus emisiones (coma, jets, polvo) sean más parecidas a lo que producen algunos cuerpos del cinturón de Kuiper o los astros helados más exteriores de nuestro sistema que a los cometas clásicos. La mezcla de hielos inusuales, polvo, gases exóticos , y estructuras complejas abre un abanico de posibilidades sobre su origen y su evolución. Por todo ello muchas misiones astronómicas internacionales, así como observatorios desde España (como los del Instituto de Astrofísica de Canarias, IAC) o en otros países, están dedicando tiempo y recursos a seguir 3I/ATLAS de cerca antes de que abandone el sistema solar. ¿Qué nos puede revelar este cometa interestelar? El paso de 3I/ATLAS representa una oportunidad única: por primera vez podemos observar con detalle en varias longitudes de onda un objeto formado fuera del Sistema Solar. Esto puede permitirnos: Comprender la diversidad real de ices, compuestos y estructuras posibles en otros sistemas planetarios. Quizás los planetas y cuerpos menores lejos de nosotros sean muy distintos a lo que conocemos. Estudiar cómo han procesado la radiación cósmica durante eones objetos que vagan por la galaxia, y ver cómo esas condiciones extremas moldean su superficie. Evaluar si la variedad química y física que trae consigo puede darnos pistas de cómo fue la formación de nuestro propio Sistema Solar, comparándola con lo que otro sistema produjo hace miles de millones de años. Un breve pero intenso encuentro con el cosmos En cuestión de meses, 3I/ATLAS pasó de ser un tenue punto observado en Chile a convertirse en el centro de una de las campañas astronómicas más intensas del año. Su tránsito no solo pondrá a prueba nuestras teorías sobre cometas y cuerpos helados, sino que podría abrir ventanas nuevas e inesperadas al estudio de la materia, con nosotros durante décadas: los resultados podrían redefinir lo que entendemos por “cometa”, “objeto menor” o “resto planetario”, y abrir nuevas preguntas sobre los límites del propio Sistema Solar. En un momento en el que la exploración espacial parece dominada por satélites, sondas y misiones a Marte, no olvidemos que, de vez en cuando, el universo nos envía visitantes inesperados: recordatorios silenciosos de lo vasto, variado y misterioso que es el cosmos.
Ese visitante se llama 3I/ATLAS.
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